miércoles, 20 de julio de 2011

La voz de Javier Lostalé



A Javier Lostalé uno lo conoció en su voz. Durante muchos años fue la voz de “El ojo crítico”, el programa cultural de RNE. Una de esas voces con tanta distinción que consiguen que olvidemos que hay un cuerpo detrás. Luego Javier Lostalé formó tándem con Ignacio Elguero en otro programa de difusión cultural, “La estación azul”, éste dedicado exclusivamente a la poesía. Por entonces, uno, no sólo le había puesto cuerpo a la voz, sino que sabía que Javier Lostalé tenía una obra poética de primer nivel, en la senda del Valente más luminoso, del Gamoneda menos roto o del Brines más sensorial.

Javier Lostalé es uno de esos poetas cuidadosos y serenos, atentos al detalle, que nunca ha caído en premuras y excesos. Seis títulos jalonan una trayectoria poética de treinta y cinco años que sólo se puso en marcha cuando los mimbres estaban bien perfilados. El magisterio de Vicente Aleixandre, un acendrado poso rilkeano, cierto tono de Juan Ramón Jiménez, la lectura de contemporáneos y compañeros en el mismo o parecido viaje. Jimmy Jimmy (1976), Figura en el paseo marítimo (1981), La rosa inclinada (1995), Hondo es el resplandor (1998), La estación azul (1998-2001), todos reunidos en 2001 como La rosa inclinada. Los libros justos, nada sobra. Leerlos descubre una acusada personalidad poética marcada por las ideas más sustanciales y determinantes en la historia de casi todo: verdad, bondad y belleza. Y en su último libro, Tormenta transparente, publicado por la editorial Calambur con su habitual elegancia, no podía cambiar el rumbo. Mantiene esa tensión, con el amor como desencadenante principal. Pero no un amor carnal, sino una idea de amor, siempre inédita, que se prolonga en ese espacio privilegiado que es el poema, entre los sentidos y la emoción, entre la escritura y lo no dicho.

“Todas las noches de tormenta/ se abren las esclusas de tu memoria (…) Sin moverte respiras entonces/ el misterio primero” leemos en “Parálisis”, uno de los poemas de Tormenta transparente. Versos que condensan la poética de un autor que entiende la poesía como temblor lírico, como arranque de un no sé qué, ese misterio primero, entre la contemplación y la memoria. La poesía se desvela. Hay que estar atento a lo que ocurre. Una noche de tormenta que es uno mismo. Un paisaje emocional, transparente para ser visto, transido de esa vida que la escritura constituye. “Escribo porque me salva, porque es lo único que me queda, porque fija un sonido, unas luces, el final de un acto de amor, el escenario de unas horas de deseo”, confesó Javier Lostalé en el conmovedor poema con el que abría La rosa inclinada. La escritura poética como sentido, como umbral, como posibilidad, como deseo, aunque sea engaño, aunque sea ruina, ceniza. “Escribo porque nunca fue más bello el engaño” terminaba su confesión el poeta. Y cierra su magnífico Tormenta transparente con estos versos: “El horizonte de este poema/ es ya, amor, tu misma lumbre sostenida,/ el resplandor de tu ceniza./ Y el escribirlo ha sido, amor, sellar contigo mi único destino”. El resplandor de la ceniza, ahí también; la poesía de una de las voces más notables de la lírica española contemporánea.

(reseña publicada en el suplemento Artes y Letras de Heraldo de Aragón el 24 de marzo de 2011)

domingo, 17 de julio de 2011



OLOR A SALITRE

Qué lástima que estés llamando
a la puerta, ahora
que había plantado un árbol
y sé domesticar a los lagartos de cristal,

déjame una hora
porque quiero encontrar el libro
preferido, el arroyo de la pena, olor a salitre,
nena, pena, nena, estás perdida, la voz de los amigos, a mar verde,
que emprendieron hace tiempo el viaje,

visitar una vieja pensión
en la que amé adolescente y vano,
y descubrí a una prostituta leyendo
la Biblia, follar ahora, decía,

en la rama del álamo nocturno cantaban un delfín traidor
y un recuerdo.

Cuando se ama, infeliz y médico, todo se resuelve, pistolero, Zapata,
pasa, adelante, ¿quieres
un café?, yo lo tomo
con vodka, a veces, cuando estoy apesadumbrado.
Lo siento, cariño, no he limpiado la vajilla
ni cambiado las sábanas,

me limito a soñar, he pesado en la balanza lo que cuesta la vida,
nada, arena, papel, los amigos.

Me dice que volverá más tarde, cuando
aprenda gramática, tú o yo,
tengo que telefonear para decir que amo a mucha gente.


Un poema de José Luis Rodríguez García, perteneciente a su nuevo libro, Vidrio y alambre, publicado por la editorial Eclipsados. Un libro sobre el tiempo y sus sombras, sobre la innombrable presencia de la pérdida y el dolor. Un libro cuya lectura no deja indemne, que habla de cerca atando con alambre a eso que cada uno refleja en los vidrios cotidianos. Un libro intenso, magnífico y triste.

martes, 12 de julio de 2011


EJERCITO DE SALVACIÓN

Cedar House, Dublin

La vida entera cabe en un rectángulo,
en el cielo que esconde
el cielo raso, un cielo de bromuro
tras las cretonas verdes,
igual que el humo de los crematorios,
lo mismo que la lluvia
que muerde la fachada y envenena
tantos sueños vencidos por la química.

Toda la vida cabe
en el breve rectángulo del cielo:
calderilla, la Biblia, unos zapatos...
La ropa abandonada
que no nos pertenece, la que nunca
quisimos entregar,
la que reclama un hueco en el armario,
colgada de la bóveda del cielo
bajo un ácido azul segunda mano.

Toda la vida son todas las vidas.
No me salves aún.


Una de las "Hipótesis" que plantea Luis Bagué en su libro Página en construcción.

lunes, 11 de julio de 2011

a veces


A veces unas pocas cosas nos hacen felices
sin motivo:

El abollado pozal de hojalata en plena lluvia primaveral
bajo el cerezo en flor
poco antes de que comience a clarear.
O las botellas de vino tinto
que tiramos por la ventana anoche en plena borrachera
poco después de...

Y a veces las mismas cosas nos hacen infelices
por el mismo motivo.


Del poeta danés Henrik Nordbrandt, incluido en su libro de 1972 Alrededores y en la antología Nuestro amor es como Bizancio, traducido por Francisco Uriz.

domingo, 10 de julio de 2011

Lee Morgan, acaso mi trompetista de jazz favorito, se convirtió en un as de la música popular norteamericana gracias a que su Sidewinder aparecía en las gramolas de muchísimos bares durante los años sesenta. Juan Claudio Cifuentes, "Cifu para los amigos", lo utiliza como sintonía para su programa de Radio 3 A todo jazz. Hoy ha dedicado el programa completo a repasar este maravilloso disco.


sábado, 9 de julio de 2011

"me gusta más envenenar manzanas que quitarles la piel"
¡Algora siempre un crack!

viernes, 8 de julio de 2011


queremos tanto a glenda