viernes, 31 de diciembre de 2010


se desvía
número cuarenta

La viñeta es de Eneko, a quien sus dibujos le cobran vida. Todas sus viñetas en "...Y sin embargo se mueve". Un crack de la prensa dibujada.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Encuentro en la web Consume hasta morir esta magnífica charla de Arcadi Olivares sobre globalización económica, "Economía para salir de la crisis", pronunciada en la escuela de verano de Attac-Catalunya en julio de 2010. La claridad, la precisión y la severidad -sin perder el sentido del humor- en explicar los problemas y en proponer respuestas es sobresaliente. Hay que invertir un tiempo de escucha, y lectura, pero lo merece. Insisto: lo merece y mucho.



sábado, 25 de diciembre de 2010


Este ramonismo es un aviso, una señal de tráfico en tramos de mucha circulación. Un poco de furia navideña, pero eviten los conflictos que enturbian

jueves, 23 de diciembre de 2010


Llegan las fechas de las buenas voluntades, el cinismo -estamos- y la facha de no sé qué. Aun así cada vez me disgustan menos. Siempre está bien que se expanda la felicitación, ojalá la felicidad, y los buenos deseos. Aunque sólo sea frase hecha o lugar común algo quedará. Con esto del "algo quedará", me acuerdo de los cuentos de Quim Monzó, los de Navidad. Tres Navidades se titulaba el libro y lo publicó El Acantilado con unos ilustraciones muy chulas de Ramón Enrinch. En aquellos cuentos, la navidad era lo de siempre pero de otra manera. Poner el belén, elegir quién serán los reyes magos en la cabalgata y darle a la maniobra del melodrama con el cuento de la cerillera. Pero Quim Monzó convierte la navidad en un cuento de Monzó y escribe sobre la vida de hoy y quiere salvar a los personajes sacándolos del cuento repetido de cada año. Quien no los conozca, le recomiendo que los lea. Y son de risa, claro. Y políticos. Pero a lo somarda. A todo se le puede dar la vuelta y en eso Quim Monzó es un maestro.

Uno es bastante menos sofisticado que Monzó en esto de la Navidad y, además de la recomendación, se apunta a un deseo convencional, de los de frase hecha, que algo quedará. Aunque este deseo acaso nos empeñemos, y nunca mejor dicho, en que comience a parecer la categoría extra de los deseos: una quimera. Este es mi deseo casi quimera de navidad: Libertad en los espacios privados, igualdad en los espacios públicos, fraternidad en los espacios colectivos. Me pierde ser oriundo jacobino, lo sé, pero ésto ya tiene poco que ver con aquéllo, incluso aquéllo tenía poco que ver consigo mismo -pero esa es otra historia.

Mi postal navideña es laica, no podía ser de otra manera. Y es de El Roto, of course.


miércoles, 22 de diciembre de 2010






Me encanta Hacia el interior, el libro de poesía visual y tipográfica que pierre d. la -Pedro Perún- ha publicado en la nueva y energética editorial Anorak que dirige Sergio Navarro Villar -con dos libros ya me he hecho fan; sólo le falta algo de rasmia al color. Estos tres poemas son de mis favoritos. "Silencio acentuado" y "Vida" pertenecen a la sección "turbaciones". Y algo de esto, de turbación, hay a lo largo de todo el libro, a lo largo de ese viaje hacia dentro que es ir hacia cualquier interior, el interior del lenguaje, el de las palabras, el interior de las letras, el de uno mismo. En el interior se guardan los misterios y éste es un libro de misterio. También es un libro pleno de vida, de celebración de la vida. Hacia el interior es tanto una sucesión de chispazos de vida como de acentuados y turbadores silencios. Siempre ha habido de ambos en la intención y la intensidad artística de Pedro -original miembro del agitador colectivo ecrevisse-, chispazos y misterio, en la construcción surreal y en los artefactos, misterio del requiebro y fogonazos de vida. Misterio, porque lo que es nunca es sólo lo que parece. Igual que la vida. Como lo sabían los dadaistas, patafísicos y demás raleas, lo saben sus nietos. Misterio como mirada y misterio como mirado. Además, cumple pierre d. la esa premisa de la poesía visual, de cualquier poesía, que tantas veces se olvida: ni significado ni significante, sólo sentido. Con Hacia el interior -qué buen regalo de navidad- se trata de seguir el sentido y hacer de la lectura ejercicio de estilo.

lunes, 20 de diciembre de 2010

sábado, 18 de diciembre de 2010

Esta noche a las diez en el Candy Warhol de Fernando Frisa en Zaragoza, Octavio Gómez Milián ha organizado un sarao literario con motivo de la presentación de los libros El imperio del co2 de Lucas Rodríguez, editado con la elegante sobriedad característica de la colección Resurrección, y Dichosa tarde en escala de grises de Antonio Huerta, editado por Origami. Uno se ha comprometido a poner algo de voz, más bien eco, y leer algún texto, supongo que alguno de los cartoneros en los que estoy metido. Atentos a las otras voces invitadas.

viernes, 17 de diciembre de 2010



Gracias a esos ávidos selectores de literatura española contemporánea que son Ignacio Escuín y Vicente Muñoz, uno tiene el placer de participar en este proyecto de homenaje a mis admirados beats norteamericanos de primera generación, junto a un grupo de escritores a quienes conozco y desconozco -leeré por primera vez a más de uno, lo siento, eso sí lo haré con todas las ganas.

jueves, 16 de diciembre de 2010

miércoles, 15 de diciembre de 2010


El ruido de los mercados también es éste, ¡maldita crisis! Si en España ahora estamos en estado de alarma, me pregunto qué ocurrirá en una situación parecida.

En el sitio web del diario italiano La Reppublica se pueden ver más videos de lo que ayer ocurrió en las calles de Roma. Se puede ver una parte, no son más que unos ojos mirando a través de un objetivo, no todos los ojos ni todos los objetivos. Hace tiempo que cualquiera sabe que los objetivos deberían llamarse subjetivos. Siempre somos parte, tomamos parte, estamos de parte.

lunes, 13 de diciembre de 2010

leer poesía


Martín Rodríguez-Gaona es autor de tres libros de poemas –Efectos personales, Pista de baile y Parque infantil– y traductor de John Ashbery y John Giorno entre otros poetas norteamericanos del siglo pasado y de éste –esperamos con ganas su anunciada traducción de El descenso de Alette de la interesantísima Alice Notley para la editorial Bartleby. Mejorando lo presente. Poesía española última: posmodernidad, humanismo y redes, editado por el Caballo de Troya de Random House Mondadori es su primer ensayo publicado, una sugerente visión del panorama poético español, que incide, de un lado, en la diversidad de tentativas poéticas que conviven en el momento presente; de otro, en las condiciones culturales, sociales y económicas en que se han desarrollado dichas tentativas; y por último, en las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para complementar, actualizar y modificar las relaciones que establece el hombre –entendido antropológicamente– con un género cultural tan determinado como es el poético.

Una vez presentado al autor y situado el marco conceptual de Mejorando lo presente, pediría al lector de esta reseña un ruego, sobre todo si es aficionado a la poesía española de las últimas décadas: que no se pierda en la semántica del título. Este no es un libro sobre zafarranchos poéticos. Algún poeta –somos tan susceptibles– enseguida enfilará al autor: un listo que sabe más que el presente y luego menta la bicha de la posmodernidad, un concepto que ha terminado en silueta de plexiglás adaptable a lo que mejor convenga, y lo remata con las redes, a ver por dónde sale. Pero no se despisten, por favor, cuando el autor habla de posmodernidad no alude a una generación o a un grupo de escritores así autocalificados, sino que se refiere a nuestra época tal y como indicó Fredric Jameson con su “lógica del capitalismo tardío”. Y en esos términos Rodríguez-Gaona habla de la demografía española –sí, no se sorprendan–, del auge de la clase media y relaciona la poesía con la proyección cultural de las instituciones públicas, con la economía del mundo del libro y, cómo no, con las nuevas tecnologías, con esa red “que con su poder de difusión y con sus nuevos estándares de independencia crítica, ha significado una alternativa al panorama cultural del fin de siglo.”

En cuanto a lo estrictamente literario: es cierto, cualquiera tiene prejuicios cuando el asunto es la poesía última, uno el primero: que si otra vez con el conocimiento y la comunicación, que siempre hay que quemar Babilonia, que si mi abuelo postista o mi tía por parte de madre que se fue a vivir a un Chagall, que si el mejor de todos escribía en catalán o el otro que disfruta con cada villenazo. Pero no, Martín Rodríguez-Gaona no pretende arreglar cuentas ni ajustarlas; sí que hace una lectura de la poesía española del siglo XX en busca de raíces y sentidos, pero la argumenta estética y sociológicamente. Más que diseñar una historia literaria y decir quién sí y quién no debería estar, Rodríguez-Gaona hace un mapa topológico de la poesía española distinto al de los lugares comunes.

No se trata de establecer los criterios específicos de una generación literaria con afanes historicistas o delimitaciones filológicas, como si la historia de la literatura fuera una sucesión de compartimentos estancos que cuando uno se abre el otro se cierra, no, lo que hace Rodríguez-Gaona es mostrar rasgos de la sensibilidad contemporánea en discursos literarios muy distintos. De hecho, la variedad de registros no puede ser sino característica de una sensibilidad marcada por la pérdida de referentes fijos e inmutables. Pero sería faltar a la verdad ocultar que Rodríguez-Gaona intenta, acaso incurriendo en contradicción, categorizar esa sensibilidad poniendo límites reduccionistas donde no debería haberlos, de este modo habla de poetas neosociales, del neoclasicismo posmoderno, de la indeterminación del lenguaje, de neoesencialistas y de poetas de los diálogos interdisciplinarios y performativos.

Uno considera diferente las catas que Rodríguez-Gaona realiza en poéticas con nombres y apellidos de más o menos importancia: Pablo García Casado, David González, Sandra Santana, Miguel Álvarez Fernández y Gregorio García-Karman, Mercedes Díaz Villarías, Patricia Esteban, Vicente Luis Mora, Agustín Fernández Mallo, Abraham Grajera, Manuel Vilas, Mercedes Cebrián, Juan Antonio González Iglesias, Mariano Peyrou, Carlos Pardo, Óscar Curieses, José Daniel Espejo, Javier Moreno, María Salgado, Peru Saizprez y quien escribe. En los convencionales libros al uso, la obra de alguno de estos autores no tendría ningún sentido, no aparentan, pero en Mejorando lo presente esta nómina se adecua perfectamente a la argumentación desarrollada. Porque no funciona como prepuesta de canon –ridículo– de la última poesía, sino como muestrario de ejemplos. ¿Que faltan nombres? por supuesto. Quien quiera que pleitee. Pero no se trata de eso, no es una antología. Martín Rodríguez-Gaona ha hecho un estudio de campo –teniendo a Pierre Bourdieu como referente epistemológico–, ha utilizado una serie de variables, de ejemplos, ha establecido vínculos y diferencias y después ha emitido un juicio: “estudiando el fenómeno simultáneamente en sus dimensiones globales y locales, creemos que la poesía en España está en un momento privilegiado en comparación con otras literaturas, pues su experimentalismo y peculiar relación con lo lírico o lo político se manifiestan, pese a muchas dificultades, dentro de una estructura y un sistema que no niega la interacción con lo público.” Convendría, al respecto, apuntar que Martín Rodríguez-Gaona es un poeta nacido en Perú pero con residencia y nacionalidad española, además que ha vivido en Estados Unidos durante largas temporadas, es decir que conoce al menos tres escenarios poéticos distintos. Posición, sin duda, privilegiada.

A algunos les extrañará que Rodríguez-Gaona también señale el humanismo –recuerden el título. Quien haya leído a Foucault sabe que el hombre terminó siendo un rostro de arena a la orilla del mar. Sin embargo, este libro esconde un secreto, una esperanza: apuesta por poner al hombre de nuevo en circulación, sacarlo de la orilla del mar mediante las tecnologías, por paradójico que sea, y formar nuevas comunidades. Y para Martín Rodríguez-Gaona la clave está en la lectura, como fiesta y como contemplación que diría Octavio Paz, acaso leer a los poetas, a éstos y a todos los demás, leer como siempre y leer de otra manera.

Mejorando lo presente. Poesía última: posmodernidad, humanismo y redes, Caballo de Troya, 2010.

Reseña publicada en el número 96 de la revista Turia, un magnífico número muy recomendable, cuyo cartapacio se dedica esta vez a un poeta que siempre hay que recordar: Miguel Labordeta.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Cedo mi espacio y todos los desvíos a Pablo Lópiz porque no se puede decir mejor:

"Estado de alarma

Odio escribir sobre los políticos que dicen representarnos, traidores inmundos de la especie humana. Sin embargo, lo real-despreciable se impone en estas horas aciagas. Leo a amigos que aún escriben y se preocupan por la música y por la literatura, por la poesía o la filosofía, por esos espacios extraños, diferidos, en definitiva, respecto de lo real-inevitable. A mí me obsesiona ahora el gesto aquel de René Char, quien se negase a escribir mientras durase el nazismo. La escritura, dijo, no es suficiente.

Sé de la importancia del estilo, del rigor que exige la escritura, de la necesidad de revocar las formas del decir instituido. Sin embargo, hay días en que se impone el hablar claro, el abandono respecto de los juegos retóricos y las teorías. Cioran habla de cómo una noche de insomnio es capaz de destruir el más estable de los sistemas metafísicos. Yo vivo desde hace unos días algo semejante a una larga noche insomne, obsesionado por no cerrar los ojos ante lo que acontece, al terror que ya es y que se avecina.

El Estado de Alarma, hermano menor del Estado de Excepción y del Estado de Sitio, ha sido decretado por el gobierno español el 4 de diciembre de 2010. Gracias a él han quedado bajo poder militar ciertos territorios y más de dos mil ciudadanos hasta hace unos días civiles. La medida, por más constitucional que se diga, no por ello deja de poner en marcha un mecanismo fascista que supone un salto en la modalidad del ejercicio político. Decía Foucault que el fascismo no es un elemento externo a las democracias occidentales, sino precisamente una virtualidad permanente, estructural, intrínseca a nuestro sistema que se puede poner de manifiesto a la menor ocasión. Esa ocasión ya ha tenido lugar.

He visto en el televisor cómo hordas exaltadas pedían la cabeza de otros ciudadanos y gritaban en favor del despido libre. En la panadería a gente que pedía cárcel para aquellos a quienes consideraban responsables de haberles hecho perder un vuelo y unas vacaciones. He tenido que contemplar cómo personas a las que consideraba amigos e incluso compañeros de lucha se batían en contra de trabajadores asediados. Lo había leído en Deleuze y Guatari, y en Reich. El problema del fascismo es un problema de deseo. Son las masas las que desean el fascismo. Y no sólo para los demás, también para sí mismos.

Los militares han entrado en la gestión política del Estado y de los asuntos que sólo atañen a los ciudadanos. Resolverán el problema, no tengáis la menor duda. Ya veremos quién los echa luego. Muchos de vosotros lo habéis fomentado. Vuestras críticas a los controladores aéreos no han sido sino la excusa que el gobierno ha necesitado para dar su golpe de mano. La pregunta la hizo un chaval de apenas dieciséis años en pleno renacimiento. Spinoza no hizo sino reformularla: ¿por qué lucháis por vuestra servidumbre como si se tratase de vuestra salvación?

Decía Goethe, ya cercano a la muerte, que llevaba ochenta años intentando aprender a leer y que aún no lo había conseguido. Aprender a leer es una tarea que abarca toda la vida. Se lo digo a mis alumnos cada comienzo de curso, que saber lo que pone en un anuncio de coca-cola no es saber leer y que el sistema escolar no les prepara sino en el analfabetismo. Ahora observo sus consecuencias. El gobierno decreta el Estado de Alarma al margen de la ley que lo regula. Apenas es necesario saber juntar las letras para darse cuenta de que el sentido de la ley que define los casos que permiten la declaración de este Estado no se cumple. Sin embargo, los parlamentarios no parecen haberlo percibido. La mayor parte de la ciudadanía no parece haberlo percibido. Nadie parece saber leer.

No hace falta haber leído a Marx, pero es conveniente para entender qué diablos es una huelga, cosa que (a veces creo que deliro) todos parecen haber olvidado. La huelga no es una cuestión de derecho, ni se juega al nivel del derecho. El derecho pertenece a eso que solía llamarse superestructura. La huelga supone una intervención en la infraestructura. Así que eso del derecho de huelga es una estupidez supina. Y el asunto de los servicios mínimos no es más que un modo de desactivar el arma fundamental de los trabajadores frente a las presiones del capital, su potencia de fuga. Así que hablemos de lo que debiera ser obvio, de eso que Vaneigem llamaba banalidades de base. La huelga es un mecanismo que se sitúa en la dimensión descodificada de la lucha de clases, o, si gusta más la jerga nietzscheana, en el espacio inmanente de las fuerzas en conflicto. La huelga supone, llana y simplemente, la supresión de la relación entre explotadores y explotados, y, por tanto, la supresión de la producción de plusvalía que esa relación supone: la auto-supresión del trabajador en tanto que tal. Toda huelga es, necesariamente, eso que ahora llaman huelga salvaje: ruptura de la relación-capital, invención del comunismo. Así que déjense de gilipolleces con la historia esa de que una huelga salvaje es inaceptable y otras chorradas por el estilo. Si les parece inaceptable una huelga salvaje, al menos ya saben una cosa, saben de qué lado están, del lado de los explotadores, del lado del capital y de sus empresas. Sepan también que no me tendrán como amigo.

Pero los controladores aéreos ni siquiera han hecho una huelga, sino que se han acogido a su derecho a la salud. Freud hablaba del malestar de la cultura. La actualidad intensifica de manera exponencial dicho malestar. Gobierna, nos gobierna a través de él. Hoy que se abandona a miles de personas al paro sin subsidios al tiempo que se las responsabiliza de su situación, hoy que se hunde a la población en la precariedad extrema y se la somete al máximo estrés, hoy que para sobrevivir hemos de comer ansiolíticos, somníferos y antidepresivos en cantidades masivas, obligados como estamos a poner nuestra vida entera a trabajar para poder permanecer conectados a un sistema que nos expulsa sin descanso; los controladores aéreos están, sin embargo, impedidos por ley a consumir cualquier tipo de tranquilizante so pena de quedar temporalmente inhabilitados en sus funciones. Al mismo tiempo, el gobierno decreta una ley, otra más, que no es sólo un ataque a sus condiciones de trabajo y de vida, sino un ataque a su dignidad como colectivo y a su integridad individual. Hacen uso entonces de su derecho a la salud, en concreto a la salud mental, minada tras meses de ataques injustificados por parte de la empresa y del gobierno. Eso pasa a ser considerado delito de sedición. Pero su malestar es el nuestro, el de todos. Su epidemia de ansiedad nada tiene de sorprendente. Es la misma que sufrimos todos los demás: enfermedades del vacío las llaman. La cuestión es si vamos a seguir sometiéndonos a sus terapias químicas o vamos de una maldita vez a reventar.

A lo largo del 2009 en France Télécom se inicia una ola de suicidios debido a las condiciones draconianas a las que la empresa somete a sus trabajadores. Si mis cálculos no fallan, han sido reconocidos por la empresa 48 suicidios en dos años. Es una opción, la última. En las cárceles se llevan practicando los suicidios y las auto-mutilaciones como formas de resistencia desde hace años. Hay, en los últimos años, una epidemia de de gente que, frente a situaciones irresolubles, se queman a lo bonzo. Cuando es la propia vida la que juega en contra de uno mismo y ya no hay afuera, ¿cuál es la solución? ¿Permanecer en el sufrimiento o saltar al precipicio? Los controladores aéreos, creo que muy oportunamente, no han decidido suicidarse: ante una situación vital insostenible, vejados por insultos constantes, persecución de sus hijos en las escuelas, ataques de conocidos y desconocidos, etc., han decidido abandonar sus vidas, sus trabajos, su empresa. El Estado, apoyado por una población fascista, ha sacado al ejército, ha sacado las pistolas y las cárceles. Ha desactivado los únicos mecanismos que tenían, la huelga y el derecho a dejar el puesto de trabajo. Aún no han acabado con lo que les mantiene a flote como gremio, su unidad como colectivo. Pero no otro es el objetivo último del Estado en su tarea de destrucción total.

¿Saben que los controladores franceses y portugueses se solidarizaron con los españoles, no dejando surcar su espacio aéreo a ningún avión procedente del territorio español mientras el paro durara? ¿Saben que el sindicato de pilotos se solidarizó con el de los controladores aéreos? ¿Saben que otros muchos sindicatos y colectivos europeos e iberoamericanos del ámbito de la aeronáutica han estado al lado de los controladores aéreos españoles y se han avergonzado de la respuesta brutal del Estado Español? Y luego tenemos que escuchar a los estúpidos políticos y a los despreciables empresarios del turismo hablando del deterioro de la marca-españa. España es una mierda, y no por culpa de los controladores, sino por culpa de estas hienas que nunca tienen bastante y a cuya cabeza se encuentra el antiguo colaborador del gobierno de los GAL, el inmundo Rubalcaba, gran ganador de esta debacle política.

¿Saben que el Estado Español contrató hace más de un año a una empresa, en concreto a una consultora/bufete de abogados americana experta en la destrucción de sindicatos? Mckinsey, creo recordar que se llama. Son ellos los que han estado llevando las reuniones con el sindicato USCA. Eso por no hablar de las serias sospechas de que a algunos de los miembros de la anterior cúpula del sindicato les hayan untado de pasta para desactivar cualquier posible brote de antagonismo. Pero las bases asamblearias lograron quitarse de encima a esa cúpula y generar un contexto algo más favorable, gente con menos experiencia pero más honrada. Ahora el gobierno dice explícitamente que va a descabezar al sindicato, que va a arrasar con los delegados sindicales, supuestamente protegidos por ley. Nada dicen al respecto los sindicatos mayoritarios. Ni UGT ni CCOO tullen ni mullen cuando se está persiguiendo de modo explícito a compañeros, ni cuando se arrasa con derechos laborales fundamentales. La fiscalía no duda en participar en la purga. Y, a pesar de todo, la historia no ha terminado. Las asambleas, aunque ahora desactivadas, pueden volver a brotar. Además, hay otros conflictos abiertos. Los pobres son más pobres. La rabia de muchos va en ascenso. Los controladores no están solos. Yo, al menos yo, estoy con ellos.

¿Y vosotros? ¿Vais a permitir que, no ya nuestro gobierno, sino nuestro Estado, pisotee los derechos civiles más básicos de un colectivo de trabajadores? La declaración del Estado de Alarma no va dirigida sólo a los controladores: es un aviso a todos los colectivos, trabajadores o no. La crisis (eso que llaman crisis y que cada vez se demuestra con más claridad que no es más que una recomposición del sistema capitalista para eliminar toda restricción a su proceso de auto-valorización) ha abierto una caja de Pandora que promete tempestades para todos: desatención de las personas más necesitadas, jubilaciones imposibles, recortes sociales: eso es sólo el principio. ¿Qué ocurrirá cuando empiecen, si es que empiezan, las movilizaciones? ¿De verdad creéis que las tasas universitarias sólo subirán en Gran Bretaña? ¿Qué las reformas no van a afectaros? ¿Qué vuestras pequeñas empresas van a sobrevivir? ¿Qué no vais a tener que hacer concesiones para mantener vuestros trabajos? Si están siendo capaces de aplastar la lucha de un colectivo que posee una posición estratégica en el sistema de producción y distribución y que tienen un grado de sindicación y una disciplina de acción inigualable, ¿qué diablos pensáis que van a hacer con vosotros, cuya capacidad de intervención en mínima? ¿Qué vais a hacer? ¿Quemar contenedores? ¿Pegaros con la policía? ¿Agachar la cabeza esperando a que escampe?

Es hora de hablar con los amigos, de crear redes de apoyo mutuo y de resistencia, de prepararse para lo peor, de inventar nuevas formas de lucha y de estudiar las antiguas, de aprender a ser tipos duros, de recuperar la experiencia política que los últimos treinta años nos han robado. No hablo de revolución. No soy un iluso. Hablo de resistencia. Es el tiempo de la acción común y de la ruptura. La poesía y la filosofía tienen que retornar a su función olvidada: cambiar la vida."

viernes, 10 de diciembre de 2010

Jules Verne como vindicación del aventurero pasivo


Toda literatura es viaje, una aventura, la realidad misma, su dibujo más fidedigno, por aleatorio e imprevisible, los vericuetos de una cartografía que es letra de imprenta, las tentaciones y los fracasos, la satisfacción y el entusiasmo. La literatura es el retrato de lo que la memoria propia no es capaz de abrazar. Cada personaje literario parte de uno mismo y se expande, avanza en la historia empujado por nuestra mirada, por la ansiedad que conduce a un desenlace, por una tensión que impulsa a seguir leyendo como impulsa a vivir hacia no sabemos dónde. No podemos decidir el destino de los personajes como no podemos decidir el nuestro. El destino siempre está en la página siguiente. Y en otro libro, en otro anaquel, en otra biblioteca. El destino es el carácter de la realidad, las facciones de esa cara están en los libros, las señales del tiempo en los libros de literatura. La literatura es la memoria común. Pero fue necesario fijarla en el relato para que no se desfigurara y perdiese sentido; primero se fijó en el relato oral, en la leyenda que surge de ese espacio de contraste, mítico sin duda, que hay entre la lumbre de una hoguera que nos protege y la oscuridad del frío, lugar de radical incertidumbre, siempre por conquistar; después la memoria común se fijó a través de la escritura, pues los caracteres gráficos facilitan el recuerdo al concretarse ya no sólo en el tiempo sino también en el espacio. Cuando el relato oral pasó a ser documento escrito, el sentido de la literatura se convirtió en destino.

Pero el destino de la literatura es su propio destino, como nuestro destino somos nosotros mismos. No hay metafísica posible. No hay trascendencia. La realidad es una o no es: ¿visible o invisible, aparente o verdadera, sensible o ininteligible? Quién es capaz de decantar el camino. Quién puede decir que hay más de un camino sin enunciar un desafiante “yo creo que”, confundiendo “crear”, el verbo por antonomasia, con el redentor “creer”. Todos los caminos son uno, todos a nuestra disposición en uno solo. “Al estar provisto de mil caminos nunca estaría desprovisto de camino” dice el coro en Antígona. Y qué es ese camino sino aventura. Qué es la literatura. Qué es la vida. Mil caminos en un camino. Un viaje a los mundos conocidos y desconocidos respondería Jules Verne, un escritor relegado a los desvanes de la literatura juvenil, de la literatura de género o divulgación, rangos supuestamente menores, que ejemplifica tan bien como lo hacen la Biblia, Shakespeare o Cervantes –junto con Verne los más traducidos- esa ligazón entre literatura y realidad, ese espejo formado y deformado, esa presentación que es representación.

"Viajes a los mundos conocidos y desconocidos" es el subtítulo de la obra en marcha verniana, Los viajes extraordinarios, un montante de novelas cortas y largas que reúne ochenta títulos. Novelas, algunas de ellas hondas como la vida, submarinas, redondas como una vuelta al mundo que no es redonda, novelas donde Verne, además de crear una nueva mitología –Nemo, Fogg, el capitán Hatteras o Miguel Strogoff quizá sean los más conocidos- pone en evidencia con singular maestría cómo el lector acompaña en la aventura a los personajes descubriendo que el viaje que se narra no se debe a la fantasía sino que la imaginación está al servicio de la realidad, que se trata de un viaje en busca de sí mismo. Y qué mayor aventura hay que ésa. No la hay, por pasiva que pueda parecerle a los soberbios.

Pierre Mac Orlan, escritor de otra época y de ésta, espía de la vida que arrumbó el siglo XIX y de las pasiones que aún nos mueven, narrador en la estirpe de Jules Verne, Conrad y Blaise Cendrars, escribió un Pequeño manual del perfecto aventurero donde distinguía entre el aventurero activo, que agarra el petate y recorre océanos y sendas -ahora son cielos y autopistas- y el aventurero pasivo, que se afana en las páginas esperando hallar la maravillosa sustancia de la aventura, sea o no cotidiana, que él mismo contiene. Aventureros los dos, sólo cambia la forma del viaje, las estaciones del trayecto. Caben los matices que se quiera, ejemplos hay para decir lo contrario, vivencias y quijotadas. “Los libros son bastante buenos a su modo, pero constituyen un exangüe sustituto de la vida”. Podríamos zanjar el asunto a la vieja usanza con este argumento de autoridad y dar gusto a los que se relamen soberbios por acumular mayor número de paisajes, que no de circunstancias. Uno destaca precisamente este aserto entre comillas y no otro, por venir de donde viene, de la Apología de los ociosos de Robert Louis Stevenson, aventurero pasivo y activo al mismo tiempo, que terminó persiguiendo lo que antes ya había escrito. Pero dejo a un lado al célebre escocés y continuo con las disquisiciones de Mac Orlan.

El primero, el aventurero activo, escribió Mac Orlan con adivinatorias dotes, carece de sensibilidad e imaginación, necesita tenerlo todo a vista de ojo, y puede caer en la aventura vulgar –el extensivo turismo de hoy en día sirva de ejemplo-; el aventurero pasivo, por el contrario, aunque vaya mal pertrechado y carezca de madurez y pericia, siempre podrá disfrutar del placer de aventuras extraordinarias por mundos conocidos y desconocidos. Las aventuras que guardan los libros, nuestra memoria común, nosotros mismos. Incluso, cabría añadir, el aventurero pasivo llega a disfrutar de libros nefandos, incomprensibles, desdibujados. Todo en la vida, y por supuesto la literatura, tiene su Jekyll y su Hyde. Libros malos, Jules Verne, por ceñirnos al escritor bretón, tiene más de uno. Es normal que en una lista de ochenta títulos escritos bajo draconianas condiciones contractuales –llegó a escribir tres novelas al año- haya pestiños de mala digestión. Y añadiré que su primera novela, Cinco semanas en globo, la escribió con 34 talluditos años, por lo que el tiempo vital tampoco jugó a su favor. No todo son Los 500 millones de la Begún o La isla misteriosa o Robur el conquistador o El castillo de los Cárpatos, por nombrar alguna de sus mejores obras, o las novelas que seguro se le ocurren a quien me esté leyendo. Pero en una vindicación del aventurero pasivo, de los lectores sin más, atentos a la vida que desgranan las páginas, a Jules Verne hay que agradecerle la capacidad para multiplicarlos. Porque en estos tiempos de consola y paso rápido, mientras el aventurero activo alcanza cada vez más relieve –ya tiene algo de estereotipo social, de conquista de clase media, de billete por internet- el aventurero pasivo se declina cargado de matiz peyorativo y luz artificial. El habito de leer, el más extendido, parece ser cualquier cosa menos una aventura: folletos, anuncios, pancartas, prospectos, manuales, apuntes, titulares, píes de foto, encabezamientos, solapas, fichas, contratos, avales, nóminas, cartillas, la tarjeta del autobús. Uno ha de reconocer que también se viaja leyendo este tipo de literatura, en ocasiones, sin duda, a simas insondables, pero la literatura de Jules Verne garantizo que proporciona un viaje más largo, un paseo completo por el cosmos del siglo XIX.

La continuada y sistemática reedición de Jules Verne, sea en ediciones juveniles, mutiladas pensando que de niño se es más tonto, o en baratas ediciones de quiosco, anima a pensar en entusiasmados aventureros pasivos, jóvenes o no tanto. Roland Barthes, Julio Cortázar, Michel Foucault, Julien Gracq, Ray Bradbury o Raymond Roussel fueron alguno de ellos. Aventureros dispuestos a enarbolar la bandera negra del capitán Nemo, capaces de pisar la cubierta del barco ebrio, construir ciudad ideales e infernales, vivir lo imaginable, el límite de la razón, la herencia de ese nautilus que es la literatura, la realidad misma, un destino que por ventura no sabemos dónde nos lleva.

Publicado en la revista Laberintos nº13

miércoles, 8 de diciembre de 2010

"Cuando se ponga de moda el hablar claro, ¡veremos!, como dicen en Aragón. Veremos cuando lo distinguido, lo aristocrático y la verdaderamente hazañoso sea hacerse comprender de todo el mundo, sin decir demasiadas tonterías. Acaso veamos entonces que son muy pocos en el mundo los que pueden hablar, y menos todavía los que logran hacerse oír."

Lo escribió ese maestro de la Escuela Popular de Sabiduría Superior que era Juan de Mairena, apócrifo entre los apócrifos de Antonio Machado. Mañana me ha invitado a Soria el poeta Martín Rodríguez-Gaona a hablar de la actualidad de Machado. Y lo más actual me parece el cínico Mairena, cínico griego, de la secta de los perros, máscara que no enmascara. También ha invitado a Óscar Curieses, a quien tengo muchas ganas de escuchar. Me gustaría añadir dónde y a qué hora, pero no lo sé. Además de Machado, Martín me dice que hablaremos de los blogs y de la poesía última. Combinación seguro que complementaria. "Busca a tu complementario,/ que marcha siempre contigo/ y suele ser tu contrario." Otra muestra de actualidad machadiana, para que luego digan que Antonio Machado es escritor gris y de otra época. Será otro Machado, que no Manuel.

Lamento que no podré estar en la presentación de Yin, la antología de poetas aragonesas (1960-2010) que han preparado Ángel Guinda e Ignacio Escuín para la editorial Olifante y que también es mañana en la Biblioteca de Aragón de Zaragoza, ciudad donde uno vive casi todos los días. Quien pueda que acuda y que lea a las poetas conocidas y desconocidas de la antología. Yin es un libro lleno de sorpresas literarias. Y me sumo a la opinión de Marta Navarro, poeta antologada: supongo que si hay en un futuro una antología Yang, la editarán Yin.

lunes, 6 de diciembre de 2010



Anoche, gracias a mis queridos amigos David Sanz y Luis Ángel Villanueva, dos músicos fantásticos entre otras muchas cosas, fui al concierto que Isobel Campbell y Mark Lanegan dieron en Zaragoza. ¿Alguién puede imaginar que esta música tan maravillosa tenga que escucharse con un constante rumor de gente hablando? ¡Qué pena de público! ¡Qué desastre! Lamentable actitud y falta de respeto. ¡Se gastaron el dinero para hablar! No lo entiendo. Lo denuncio aquí, aunque sea poca cosa solo escribirlo. Por necios.

Silvia Sola y sus pájaros bebidos tuvieron que aguantar más desprecio todavía -no era rumor sino vocerío- y aun así estuvieron de primera.

domingo, 5 de diciembre de 2010



Esta noche a las 21 h. en el Oasis Club Teatro de Zaragoza (c/ Boggiero 29) mi admiradísima Silvia Sola y los sin par The Drunkes Birds telonearán a Isobel Campbell y Mark Lanegan, ahí es nada. Qué decir de este dúo impresionante formado por una de las fundadoras de Belle and Sebastian -The boy whit the Arab Strap (1998), qué discazo, mamma mia!-, los escoceses más elegantes del pop, y uno de los fundadores de los Screaming Trees, legendaria banda del grunge norteamericano. Qué decir. Que hacen una música conmovedora, extraña, que no se parece apenas a lo que hacían por separado, que es una música de contraste, de sutilidad, que te recorre, que es oscura pero también luminosa, que vienen a presentar un disco precioso, Hawks, con unos arreglos de postín, intensos, con unas voces que son una barbaridad -Lanegan pone los pelos de punta-, producido y escrito totalmente por Isobel Campbell -excepto un tema del gran Townes Van Zandt. Hawks es el tercer disco que graba esta pareja heterodoxa y posible, tras Ballad Of The Broken Seas (2006) -la primera vez que lo escuché me quedé turuleta de la sorpresa y de lo bueno que es- y Sunday At The Devil Dirt (2008). Ante Isobel Campbell y Mark Lanegan es imposible no pensar en Lee Hazlewood y Nancy Sinatra, pero aquí quien tiene el talento de Lee Hazlewood es la maravillosa Isobel.

Quien pueda que lo disfrute. Uno, fuera de presupuesto, ya no se puede con todo lo que se desea, espera encontrar a alguien que se lo cuente lo mejor posible.


sábado, 4 de diciembre de 2010

esto no me gusta II

Ley Orgánica 4/81 de 1 de junio, de los Estados de Alarma, Excepción y Sitio Publicada en el B.O.E. núm. 134 de 5 de junio de 1981

Artículo 4

El Gobierno, en uso de las facultades que le otorga el artículo 116.2, de la Constitución, podrá declarar el estado de alarma, en todo o parte del territorio nacional, cuando se produzca alguna de las siguientes alteraciones graves de la normalidad:

a) Catástrofes, calamidades o desgracias públicas, tales como terremotos, inundaciones, incendios urbanos y forestales o accidentes de gran magnitud.b) Crisis sanitarias, tales como epidemias y situaciones de contaminación graves.c) Paralización de servicios públicos esenciales para la comunidad, cuando no se garantice lo dispuesto en los artículos 28.2 y 37.2 de la Constitución, y concurra alguna de las demás circunstancias o situaciones contenidas en este artículo.d) Situaciones de desabastecimiento de productos de primera necesidad.


Que cada cual saque sus conclusiones. No está mal para pensar, supongo que el gobierno también lo hará, en eso de los servicios públicos esenciales.


Si alguien lee esto desde fuera de España y no sabe de qué va, que sepa que en España estamos en Estado de Alarma, lo que quiere decir que éste es el momento más crítico de nuestra historia reciente. Ayer el gobierno aprobó un Real Decreto que cambia la regulación aeroportuaria española modificando los tiempos de actividad y descanso de los controladores aéreos. El gobierno español subestimó, o no, la capacidad de respuesta de los controladores al aprobar el decreto el mismo día que empezaba el puente festivo con más tráfico aéreo del año. A media tarde, los controladores iniciaron medidas de protesta drásticas que condujeron al cierre del espacio aéreo español. Con las previsibles consecuencias: aeropuertos llenos de viajeros agraviados y medios de comunicación con el altavoz a toda pastilla. Ante la caótica situación, el gobierno reaccionó cediendo el control al ejército. El siguiente paso ha sido que desde hace apenas tres cuartos de hora estamos en Estado de Alarma. Según las causas citadas en el artículo 4 de la Ley Orgánica citada. Bueno... eso, que cada cual saque sus conclusiones. Seguro que no es porque la cifra de paro sea de 4.547.700 ¿Increíble? No, creíble. Todo esto dice mucho de nuestra idiosincrasia. Eso sí, la imagen del gobierno está en juego y antes de este descomunal zancocho estaba a muchos puntos de distancia en las encuestas electorales. El presidente tiene que estar aquí encabezando el Consejo de Ministros de un país con la situación más delicada posible, previsor él que no fue a la cumbre latinoaméricana. ¿Previsor? Algo raro es.

esto no me gusta

el miércoles a 700000 personas les quitaron la última posibilidad que tenían, un subsidio mínimo por desempleo que no llega a 500 euros, invitándoles, de no encontrar un trabajo inmediato, muy fácil en estos días, a la fila de caritas, a la economía negra o directamente a robar. no hubo protestas masivas ni titulares a cinco columnas. no se veían afectados derechos del consumidor. en cambio, esta noche, por lo visto, ha ocurrido una crisis tan demoledora con el día a día de los ciudadanos, con sus derechos laborales y civiles, que incluso el ejercito ha tomado el control de la situación. la crisis económica se ha quedado en nada al lado de la crisis de los aeropuertos. quizá el gobierno también piense en el ejercito para solucionar los graves problemas económicos. por lo que uno lee y escucha, parece ser que muchos estarían de acuerdo.


preguntas pertinentes e impertinentes:

¿sabía ZP lo que iba a pasar y por eso canceló su viaje a Latinoamérica? ¿nos lo contará Wikileaks? anoche lo que no hubo fue intervención del Fondo Monetario Internacional en España ni nos "rescató" la Unión Europea.

¿no chantajea -verbo que parece que todo el mundo entiende- el gobierno a la ciudadanos en el desmantelamiento del estado de bienestar en pos de los beneficios del "mercado"?

jueves, 2 de diciembre de 2010

Esta tarde Pablo Lópiz presenta su Michel Foucault, pensar es resistir, publicado por Idea ediciones, en la librería Antígona de Zaragoza (c/ Pedro Cerbuna 25) a las 20 h. Le acompañará José Luis Rodríguez García. Dos queridos amigos que me ayudan a resistir.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

para quien quiera curiosear antes de que se publique el libro editado por Baladí, se ha abierto un blog en el que irán apareciendo los que hemos mirado la generación beat en Beatitud: http://beatitudvisionesdelageneracinbeat.blogspot.com/

queremos tanto a glenda