viernes, 19 de febrero de 2010

Olgoso, el empirismo fantástico

Goza la narrativa breve en castellano de una salud formidable. Son muchos los escritores que cultivan este género con un talento capaz de atraparnos en apenas un par de párrafos, de sumirnos en un esperanzador desconcierto, de “superar, en suma, la perversa e inacabable pobreza de ser uno mismo”. Con esta frase –precisa reunión de ética y estética– concluía Ángel Olgoso, uno de esos cuentistas certeros y afilados, uno de los mejores, su poética del cuento en el primer tomo de ‘Pequeñas resistencias’, la antología del nuevo cuento español publicada en 2002 por Páginas de espuma, una de las editoriales que más hace por la consolidación y la difusión del relato en España. La misma editorial que ahora nos presenta el último libro de Olgoso, ‘La máquina de languidecer’, metafórico tratado sobre las mecánicas del cuerpo humano y sus líneas de fuga: deseos, miserias, ocultas rendijas de extrañamiento e imperfección que se suceden en un centenar de cuentos, en donde la ironía se da la mano con el culturalismo y el reconocimiento con la ficción radical. Puertas por las que salir y entrar de uno mismo e intentar no languidecer. Reflexión narrativa sobre la identidad y sus derivas. Empirismo fantástico. Humanismo inhumano.
Escritor excéntrico, raro, ajeno a corrientes dominantes y circuitos literarios, Olgoso comenzó publicando ediciones no venales de imposible localización y hace un par de años descolló con dos libros de relatos sobresalientes: ‘Los demonios del lugar’ y ‘Atrolabio’. El primero, una celebración de la literatura de terror en todas sus variantes; el segundo, un caleidoscopio de extraordinarios microrrelatos de apenas un folio. Ambos, descripciones de la realidad oculta que hay tras cualquier superficie, muy por encima de las etiquetas literarias –terror y microficción– que los constriñen.
‘La máquina de languidecer’ continúa en ese imaginario que revela lo insólito. Cuentos sintéticos en su forma y relucientes en su precisión, que colocan sin vacilar al lector entre lo real y lo sobrenatural, perspectiva desde la que subvertir la normalidad en inquietante espacio literario. Así consigue, por ejemplo, que hasta el Borges que todos suponemos oculte en uno de sus cuentos a otro Borges, uno impaciente y de mirada atentísima. O que sea un niño el que modele el mundo con manos de dios. O que la historia sea una travesía donde el hombre es comida para el hombre. O que algo repetido como la noche sea en realidad un gigante durmiendo sobre nosotros.
Olgoso persevera en la ecuación que conjuga menor extensión con mayor intensidad. Y la resuelve con eficacia. Se ayuda de una imaginación exuberante y de una escritura cuidadosamente expresiva, medida en el detalle, una prosa que dota de hipnosis a los relatos, sin palabras de más pero tampoco de menos, como los mejores poemas pero sin abandonar la trama, los personajes, la vocación narrativa.
Lean a este escritor soberbio, disfruten de su osadía literaria, déjense secuestrar por su brevedad extrema, por la inteligencia de una escritura capaz del humor y del miedo, ahí es nada. Salgan de sí mismos.

La máquina de languidecer, Ángel Olgoso, Páginas de espuma, 2009.

(Reseña aparecida en el suplemento Artes & Letras de Heraldo de Aragón, el 18 de febrero de 2010)

queremos tanto a glenda