
Hay libros que dan cobijo y libros que expulsan hacia ninguna parte. A veces uno espera encontrar refugio en un libro, lo desea, y a la primera de cambio se siente fuera. Y no sabe muy bien porqué. Conoce al autor, admira sus libros anteriores y está dispuesto a convivir en sus textos, sin embargo el correr de las páginas le va alejando de las tramas que cuenta, de las emociones, del estilo. Y se distancia extrañado, con un desasosiego que incordia, que le molesta. Casi triste porque él quiere estar ahí, en ese libro como si fuera un refugio y se ha quedado fuera. Pero lo mejor de los libros es que al cabo de los días puedes abrirlos de nuevo, al azar, como si nada, o impulsado por la siempre necesaria segunda oportunidad, y encontrar que apenas hay nada de los que habías leído la primera vez, que el libro parece otro, descaradamente otro, que tiene otra vida, que habla más de cerca, que reconoces los espacios y el tempo de la prosa y hasta escuchas el ritmo de los acentos como si fuera tu propia forma de hablar. Y entonces piensas que tú eras el que estaba fuera de sí cuando leyó aquel libro hace poco más de un mes, que no acertaste a leer lo que ponía en las líneas, que te quedaste en un entrelíneas equívoco, en las erratas que afean y modifican el gesto, que no viste, ciego delante del espejo, que a los personajes que deambulan por el libro les pasa como a ti, que no hallan el rumbo, que se preguntan una y otra vez quiénes son, que les abruma el exceso de equipaje, que se obstinan en soñar, en cambiar la vida sabiendo que la vida cuesta demasiado cambiarla, en transformar el mundo desde la más pequeña de las atalayas sabiendo que el mundo cambia demasiado despacio para darse cuenta.
Esto me ha pasado con el tercer libro de Raúl García,
Calderilla, editado por Eclipsados. Las cosas y las personas son otras cuando las cambian de sitio. Y la relectura es una de las formas de ese cambio. Los cuentos, o los poemas o los poemas en prosa o lo que sea, que conforman
Calderilla me han acompañado de lejos y de cerca como si fueran dos libros distintos. Para entenderlo, he tenido que cambiarlo de sitio y he tenido que cambiarme de sitio. Empezando por algo muy sencillo, casi tonto, pero que para mí ha modificado tanto la percepción como la apropiación de lo que leía. La segunda vez he leído el libro al revés, desde el último texto hasta el primero. Y humildemente creo que el conjunto funciona mucho mejor. Quizá sea mera impertinencia. No digo que no. O sea porque “Lejanías”, así se titula el último de los textos, es un viaje de regreso. El de un Ulises que descubre que las cosas no son como él pensaba. En ese descolocar creo que está la clave de todo el libro. En los personajes descolocados, que viven entre la certeza de la realidad y la incertidumbre del deseo. Personajes cotidianos, reconocibles. La cultura se filtra en algunos cuentos como metáfora –el “Lejanías” citado; o “Habladurías” con Teseo , Ariadna y el Minotauro; o “El maletín de Walter” y el suicidio de Benjamin en Port Bou; o la música popular en los tres Backline– sin embargo
Calderilla se decanta sobre todo por el mundo cotidiano, la realidad inmediata, las calles de barrio, los polígonos, las fábricas, las casas pequeñas, la memoria infantil de nuestros padres, la amistad, el deseo, la mala suerte, el grito de las paredes. Raúl García es un observador atentísimo a las entretelas de la vida cotidiana. Uno le animaría a que continuara con alguno de esos personajes que deambulan en su escritura, que les diera, qué sé yo, protagonismo en una novela, que escribiera más largo, que hiciera un retrato amplio, una secuencia con planos cortos, planos de conjunto y planos generales. Por pedir que no quede. Uno está convencido de que Raúl García terminará escribiendo esa novela. De momento, lo cierto es que la treintena de textos que forman el libro se leen sin darte cuenta tanto en la primera como en la segunda lectura. Pero uno, claro, se queda con la segunda. Con algunos cuentos que tiene marcados: “El grito de las paredes II”, “Inventario”, “El paseo”, “Unidad de desplazamiento”, “Olivas negras”, “Quien quiera que te aguante”, “Epigrafía”, “Represión 1961. El infierno”, “Exceso de equipaje”, “Negociación”. Quizá esta tarde Raúl García lea alguno en Antígona. Merecerá la pena escucharlo en su voz de barítono. Lo recomiendo.
Calderilla se presenta hoy en la librería Antígona de Zaragoza (Pedro Cerbuna 25) a las 20 h. Además de Raúl García, participarán en la presentación Pablo Lópiz e Ignacio Escuín.