Ya está bien de leyendario y poner sombra sobre los textos. Ha dejado de ser un bartleby Ferrer Lerín: publicó tres títulos en cuarenta años, pero en los últimos cinco, uno por año. La novela de andanzas y educación sentimental que es Níquel en 2005, la poesía autorizada e incompleta Ciudad propia en 2006, El bestiario de Ferrer Lerín en 2007, la varia lección de Papur con guiones en amplia adenda el año pasado y ahora este Fámulo que nos ocupa, libro de versos que sirve primero de lectura ansiosa, sonido en los adentros, luego de tentativa de significado, de tentación del significante, de sentido a más no poder. Ha perdido “el Buitre” la sanción que apuntara Vila-Matas en el decimosexto capítulo del celebérrimo libro, pero mantiene su cariz de “ala extrema de la escritura novísima”. Pero qué quiere decir esto.
En principio, que sigue siendo una escritura tan poco asimilable como lo era en sus primeras entregas, radicalmente distinta de los sagrados contemporáneos. Un nombrar poético no homologado que se decanta por el decir de la vanguardia, por la revelación surreal, por la conciencia artificiosa de lo camp como singular antihumanismo. Lean en Fámulo la sección “Encadenados”, explícita alusión al filme de Hitchcock, utilizado como metáfora de la memoria, deconstrucción de la propia identidad como si fuera un juego de azar, mecanismo en donde el misterio es regla fundamental.
Ferrer Lerín convoca un sentido no sólo interpretativo de la realidad, biográfica o cultural, una alquimia verbal que hace de las palabras experiencia lírica más allá de consideraciones lógicas o figurativas. Así en la primera sección del libro (serie de poemas que ya apareció en Ciudad propia, incluso leemos huellas en Papur), el desasosiego educativo y el nihilismo nostálgico que puede interpretarse no llega de la poetización de unos hechos sino de la experiencia que provocan las palabras: “imbécil/ palabra, reclamo, rótulo/ a la carta/ de estos tiempos de boca a boca,/ nexo de unión y sí empalar/ niños/ debería un gobierno/ del raciocinio estipular como bando/ de obligado cumplimiento.”
Titula la sección “Biografías”, porque las palabras son eso, bios y grafos, indisolubles, y del mismo modo la vida –obviamente no soy el primero que lo señala: “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”–. Biográfico para quien escribe pero también para el lector que se apropie del sentido.
Una vez situados en este marco de referencia, Fámulo, cual personaje omnisciente nos conduce a los desvíos. Leemos las señales de una aventura intelectual –los poemas abiertamente culturalistas de “Paleografías”–, nos hace columbrar un paisaje más o menos desolado, fantacientífico que dirían en Italia, pleno de historias negras, de género y humor, episodios en elipsis –“Tendresse et bidet [jaca]”– como es la acción del cuervo sobre las lomas. Poeta extremado, original, siempre sorprendente, con filón mal atendido, apenas nota a pie de página en los manuales de filología oficial, Ferrer Lerín debería ser más leído, no sólo por la tribu que rastrea, casi araña. Leerle porque vuela alto.
(Reseña de Fámulo de Francisco Ferrer Lerín editado por Tusquets en su colección "Nuevos textos sagrados", publicada en el suplemento Artes y Letras de Heraldo de Aragón el 5 de noviembre de 2009)
2 comentarios:
Cómo he disfrutado leyendo tu reseña...por lo bien escrita que está y por leerla en el Heraldo... nos vemos prontico man...invitado estás a la fiesta del 13 en el Mar de Dios...te tengo que pasar los libros.
abracicos
o.
Ferrer Lerín hace literatura con el mismo dominio del lenguaje y de la "metarrealidad" que construían "grutescos" los antiguos. O sea es un sabio-:), pues va más allá.
Qué bien que lo has reseñado.
Kss
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