miércoles, 28 de octubre de 2009

Releo de pie en casa de mis padres mientras busco, entre los muchos libros que se han ido quedando, el hueco cubierto de otro modo. Tantos libros que me han acompañado y ahora descansan como en un refugio en la habitación de siempre; la memoria del día que llegaron, la nota que puse, lo que no recuerdo, los que no aparecen perdidos entre los cambios de sitio y las mudanzas. Releo de pie, me siento en el suelo, amontono por afinidades, por descubrimientos, por favoritos o mal leídos en su momento. Querría llevármelos todos, leerlos de nuevo, de golpe, abrir un puerto usb en mi cabeza y archivarlos en datos utilizando el nero. Busco las marcas, la hojas dobladas, los arteriscos.
Un poema de un poeta cubano, Antonio José Ponte, "Vidas paralelas (La Habana, 1993)", recogido en la antología de la nueva poesía cubana, La casa se mueve, que hicieron Aurora Luque y Jesús Aguado para la Diputación de Málaga el año 2000:
Se apaga un municipio para que exista otro.
Ya mi vida está hecha de materia prestada.
Cumplo con luz la vida de algún desconocido.
Digo a oscuras: otro vive la que me falta.

Otro poema, "Memoria", éste de un poeta portugués, José Agostinho Baptista, de quien Antón Castro tradujo un libro impresionante y doloroso, Ahora y en la hora de nuestra muerte, que yo compré en abril de 2001, apuntado en tinta roja, la misma que recorre las páginas de mi lectura.
Si recordar pudiese
no sería un río, ni la ciudad de un río,
ni siete colinas sobre la desesperación.
Sería ese jardín donde vi que te perdías
y un banco sucio
y algunos cisnes envejeciendo
y que tú envejecías al lado de los cisnes.
Y a tu lado estaba yo a veces,
sin entender nada,
ni la melancolía ni el mundo.

En la página 49 donde está el poema, dejé el recorte de un artículo, "Dos cabezas" de Juan José Millás. La misma tinta roja fecha el recorte, 20 de abril. El artículo empieza: Olvido lo que escribo a una velocidad de vértigo. Y más adelante continúa: Lo que ocurre es que escribo para olvidar como otros beben para olvidar. Y si escribo para sacarme de la cabeza las cosas que me atormentan, lo que lógico es que me olvide de ellas. De otro modo, las tendría en dos sitios: en la cabeza y en el papel, lo que vendría a ser como tener dos cabezas, o dos papeles. Una tortura, en fin. Mucha gente tiene dos cabezas, que viene a ser como tener las preocupaciones por duplicado. De estas dos cabezas una es invisible, lo que no la hace menos molesta. Y sigue el artículo de Millás.
Pienso en la teoría de las dos cabezas. Más que en la escritura, pienso en la lectura. Por qué olvido gran parte de lo que he leído, lo detalles sobre todo. Necesito poner mojones, señales de alerta, cicatrices. Una de mis cabezas prefiere recordar el poema de Baptista, la otra quisiera vivir lo que falta en el poema de Ponte. Y tú que lees ¿con qué cabeza lo estás pensado?

Junto al libro de Baptista hay otros de Olifante; sacó uno de cartulinas rojas, Acordes, de otro poeta portugués, éste es un gigante, António Ramos Rosa. La traducción es de Clara Janés. Me encanta el tipo de letra Bodoni, su mancha de tinta, que utiliza Olifante. En Acordes la memoria la he recogido en doblones. La tercera página doblada es la 27. El poema se titula "Más allá de los signos".
Escribir ahora es dispersar los reflejos,
abrir las puertas de piedra y reposar en el aire.
Arrodillado junto a un barco o una jarra,
un dios respira y es el puro vacío.
Más allá de los signos y en su inicio
una sonrisa, un fulgor de las cosas confiadas.
Y en los muros y en los dedos, una arena
que de las nubes descendió y en la distancia
las formas de un brazo amante, el sueño de otro.

Pienso en ese otro, la materia prestada del primer poema, los reflejos, siempre un desvío de quien está leyendo.

1 comentarios:

piero dijo...

gracias por este buceo en tus lecturas, abren nuevas puertas a cabezas a pares...


queremos tanto a glenda