martes, 20 de octubre de 2009

Para Alcibíades, en boca de Sócrates, según cuenta Platón en El banquete, el auténtico saber no puede ser nunca objeto de intercambio ya que jamás se muestra seguro de sí mismo. Lo mismo creía Wiltod Gombrowicz al considerar que todo lo que sabemos del mundo es incompleto e inexacto. Cada día, señalaba el polaco errante, se nos presentan mayores datos que avalan un conocimiento previo o lo ensanchan, pero, al ser siempre incompleto ese conocimiento, es como si no supieramos nada y siempre tuvieramos que seguir buscando.
Cuando un día cualquiera, unos segundos de un día cualquiera, de repente, un viernes, por ejemplo, a mediodía, pocos minutos para la una y media, un portón cae como una vida entera, acaso la vida de uno que acostumbraba a inventarse pero ha perdido el hábito, y entonces otro que lo empleaba en profesión, apresurado y tenso, malmedido, le dice que debe obligatoriamente cambiar el rumbo, que la rutina se esfuma, que no le pedirá su trabajo a cambio, que le despide, que firme rápido, que no regrese, que el dinero colma ese tiempo, la sensación de no saber nada se multiplica exponencialmente alejándole hasta un lugar inédito en el que sólo queda pensar, aunque sea a tientas. Pensar como indisciplina que escribió Miguel Morey. El pensar siempre aparece cuando se quiebra, poco o mucho, la pretendida normalidad que nos rodea. Pensar como si no supieramos nada aun sin partir de cero. Nunca está vacía la pizarra pero para poder escribir hay que empezar por borrar.

2 comentarios:

Pablo Lópiz Cantó dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pablo Lópiz Cantó dijo...

Escribir la borradura. Escribir-tachar. Escribir hasta salirse de la pizarra. Hasta llenarse la cara tiza. Hasta dejarlo todo blanco.
Un abrazo


queremos tanto a glenda