domingo 15 de junio de 2008

Uno, que hace de la literatura una suerte de compañía cotidiana, distingue a los escritores entre los que no escriben y los que no saben vivir sin escribir (lo mismo diría de los lectores pero el cariz sociológico sería otro), categorías que ayudan a buscar respuestas y encontrar preguntas. Así uno ha convertido a los escritores, y me refiero a los seres mitológicos no a los del dni, en baúles sin fondo, correlato más o menos difuso, intimidad en la que esconderse a buscar cobijo, una suerte de inmortales, jóvenes y bellos, nunca derrotados por los problemas ni corroídos por la desilusión ni consumidos por las promesas falsas ni los proyectos perdidos, referentes tan verdaderos como falsos, tan auténticos como ficticios, siempre hechos con luz artificial y letra de imprenta, siempre héroes destronados, siempre inferiores a la mejor página que han escrito, habitantes de un mundo posible hecho a escala personal, hecho de uno mismo.

1 comentarios:

Ferrer Lerín dijo...

Es curioso, creía estar viendo el mejor Fellini.