jueves 5 de junio de 2008

Manderley en venta de Patricia Esteban Erlés


Uno disfruta con esos libros que describen la realidad pero cuentan dos historias: de un lado, la historia de la realidad escrita, descrita, la realidad mirada y tanteada hasta que el escritor le da la vuelta con artilugio literario; y de otro lado, la historia de la realidad que entonces aparece, un nuevo espacio de sentido, un lugar secreto para solaz exclusivo de quien lee, de quien se arriesga leyendo, sabedor de que está ante algo que sólo él puede rellenar. Por algo dijo Borges que los buenos lectores son cisnes aún más tenebrosos y singulares que los buenos autores. Estos libros reconozco que me fascinan. Muchos cuentos, muchos de los mejores, utilizan este patrón de la doble historia, y me atrevo a decir que debería ser uno de los lemas de cualquier pretendiente al género del relato, incluso al del poema: dar forma a un texto que cuente dos historias, una sobre la luz y la otra en sombra. Ya sé que no soy muy original en la indicación; páginas más o menos teóricas, más o menos literarias, se han escrito al respecto y no me demoraré en ellas.
Pero a uno, que no quisiera ser de dirección única, también le gustan libros que pertenecen a otras categorías, cuentos incluidos en otros anaqueles: uno disfruta sobremanera con los libros de una sola historia, limpios hasta el horizonte de vericuetos y trampas, de sentidos abiertos, de sombras en las que condensarse; uno disfruta con aquellos cuentos que te alejan lo más posible de la vida de protagonista en primera persona que todos tenemos, relatos de peripecia exótica que esquivan la ruta diaria por la que cualquiera pasa calle tras calle.
Además, sin sentirme paradójico siquiera, añadiría un tercer apartado de mi placer literario personal: el de los libros que son capaces de llevarte de viaje por el día ordinario, resituándote en la ruta conocida, bien con el utensilio del humor bien con el del pavor, cuentos que revelan el que crees que eres delante del espejo mucho más allá de lo que pudieras imaginar.
Por suerte hay libros para los tres gustos, a los que recurrir según el ánimo, libros que decantan el tipo de retrato que prefiramos hacernos. Existen los libros de Kafka, los de Stevenson y los de Cortázar por poner nombres rimbombantes como ejemplos para cada uno de los tres casos. Y con más suerte todavía, hay libros de cuentos que logran aunar las tres recetas en píldoras de efecto inmediato. Los escritores citados son tan buenos que también podríamos ponerlos en esta cuarta categoría, sin embargo, lo que interesa aquí, salvando las distancias, es que este Manderley en venta de Patricia Esteban Erlés que hoy presentamos -editado con la elegancia habitual, y premiada, de Tropo- es uno de esos libros que aúnan matices. Entre los diez cuentos que reúne, los hay de realidad doblada, como el titulado “Habitante”, quizá mi favorito; los hay aventureros y literarios como “Celebración”, el más Nabokov de todos, afilado y pérfido en el sur de los Estados Unidos; y los hay del vivir cada día como “De culos y manzanas” o “Vania”, variante irónica y variante sombría de dos historias de amor acaso paralelas. Manderley en venta tiene las mejores características de todo primer libro: es un libro de vías abiertas, de posibilidades por las que seguir indagando, es un libro técnico, que busca soluciones literarias, un libro de lectora atenta, pensado en su arquitectura, en su argamasa, con habitaciones con más luz y habitaciones al patio interior, un libro cuyos cuentos se cierran sobre sí mismos pero también hilvanan una trama secreta de interiores y fugas, de personajes que se juegan la vida por la vida entre cuatro paredes de una casa anónima que podría ser ésa en la que el lector lee o la Manderley en la que estamos.

Manderley en venta, Patricia Esteban Erlés, Tropo, 2008.

(Texto leído en la presentación del libro en la Fnac de Zaragoza el 4 de junio)

1 comentarios:

Luisa Miñana dijo...

¡Genial! He completado así mi conocimiento de tu presentación del libro de Patricia, a la que llegué cuando ya la habías mediado, más o menos. Este fin de semana entraré en el libro. La pinta es muy atractiva.

Abrazos