martes 31 de julio de 2007

número cero
se desvía
el viajero o el loco
el vendedor ambulante o el hijo prodigo
El Bosco, hacia 1500

Nabokov’s butterflies de Dolan Mor

Hay una zona oscura en la poesía del cubano Dolan Mor. Un aliento que es tradición romántica, sombra que arranca con el enajenado Hölderlin, que convive con Poe, que se extiende por el XX con las máscaras que conjugan vanguardia y tradiciones. Dolan Mor añade la lectura de Borges, la de Pessoa, construyendo imposturas poéticas, heterónimos malditos y arrastrados por la historia: Filipo Bosternag en su primer libro –El plagio Bosternag-; Anín Turdela, Mariette Sinúa y Mannu Serfil en el segundo –Seda para tu cuello-; y ahora el Robert Granivan que escribe como un cazador de mariposas, falenas en un lago suizo. Poemas, los de Nabokov's butterflies, que abren ojos a los sitios cotidianos, pero mirando con extrañeza, como si fueran lugares intensamente otros. Y ahí: la sombra. "La poesía está donde en realidad no está" nos recuerda el magnífico poeta que es Dolan Mor, escritor que se esconde tras ese apellido que es sentido.

Dolan Mor, Nabokov’s butterflies, aqua, 2007 (premio de poesía Delegación del Gobierno en Aragón)

lunes 30 de julio de 2007

El comunismo ha fracasado, pero los problemas continúan.

domingo 29 de julio de 2007

cómo me gusta la camisa.

viernes 27 de julio de 2007

La poesía es lo contrario de la vida.

"Siempre son los tipos flacos los que te sorprenden". Isabelle Hupert como Ella en La puerta del cielo de Michel Cimino.

jueves 26 de julio de 2007

El amor necesita la invención: hace de gestos repetidos, pequeñas diferencias.

miércoles 25 de julio de 2007

La lentitud del espía de Alfons Cervera

Detenerse y mirar. Tener la memoria en los ojos. La edad en los ojos. Los silencios que acompañan entre los días que están y no están, porque la memoria es lápiz de tiza, es dibujo y es polvo. Este es un diario secreto, un libro denso y secreto, una nouvelle escrita con las sombras del espía, con la lentitud de quien casi no mira donde todos miran. Apenas sesenta páginas de elipsis, sesenta páginas de lirismo negro, sesenta páginas de callada rebeldía que nos llevan por una ruta nueva en la literatura de Cervera, acaso más cerca de Los cuerpos del delito, título de su obra poética reunida, que de la trilogía El color del crepúsculo, Maquis y La noche inmóvil. Un libro que no debería arrasar la marabunta.

Alfons Cervera, La lentitud del espía, Montesinos, 2007.

boom
the sonics (1966)

martes 24 de julio de 2007

Nos recuerda Derrida el parentesco entre dos verbos: panser (vendar, curar) y penser (pensar).

sábado 21 de julio de 2007

Hay que ser lo que aparentamos ser. Hay que aparentar lo que somos.

"las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros" en Ciudad sin sueño de Lorca.

viernes 20 de julio de 2007

La primera foto


¿En qué estaría pensando Niepce cuando levantó el telón?

jueves 19 de julio de 2007

Si... de Rudyard Kipling

Si puedes mantener la cabeza en su sitio
cuando todos la pierden –y te culpan por ello-;
si confías en ti cuando los otros
desconfían –y les das la razón-;
si puedes esperar sin cansarte, si no
mientes cuando te vienen con mentiras
ni odias a los que te odien y, aún así,
no te las das de santo ni de sabio;

si sueñas, sin llegar a ser esclavo
de tus sueños; si piensas, pero no te conformas
con pensar; si te enfrentas al Triunfo y al Desastre
y das el mismo trato a esos dos impostores;
si soportas que tuerzan tus palabras
para embaucar con ellas a los tontos;
si se rompen las cosas a las que has dedicado
tu existencia y te agachas a rehacerlas;

si juntas todas tus ganancias para
jugártelas a cara o cruz, y pierdes,
y vuelves a empezar de nuevo, una vez más,
sin mencionar siquiera lo perdido;
y si tu corazón, tus músculos, tus nervios
cumplen incluso cuando ya no son
lo que eran, y resistes cuando ya no te queda
nada sino la voluntad de resistir;

si hablas con multitudes sin perder la honradez
y paseas con reyes sin perder la humildad:
si no pueden hacerte daño tus enemigos
–tampoco tus amigos- y todo el mundo cuenta
contigo –no en exceso-; si no desaprovechas
ni un segundo de cada minuto de carrera,
la tierra y cuanto en ella existe es para ti;
serás, en fin, lo que se dice un hombre.

Traducción de José Manuel Benítez Ariza.

Acaso sea algo ampuloso y el tiempo haya pasado sobre él como lo hace sobre los muebles antiguos, pero este poema sigue siendo emocionante.
fantômas.
michel magne (1964-1966)

miércoles 18 de julio de 2007

La mayor defensa de la literatura es la apropiación, no el respeto.

martes 17 de julio de 2007

Deseo de ser piel roja

Dos traducciones del memorable texto de Franz Kafka.

"Si uno pudiera ser un piel roja siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento, constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las espuelas porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas porque no hacen falta riendas, y apenas viera ante sí que el campo era una pradera rasa, habrían desaparecido las crines y la cabeza del caballo".

"Si uno pudiera ser piel roja, siempre alerta, y sobre un caballo que cabalgara veloz, a través del viento, constantemente estremecido sobre la tierra temblorosa hasta quedar sin espuelas, porque no hacen falta espuelas, hasta perder las riendas, porque no hacen falta riendas, y que en cuanto viera ante si el campo como una pradera rasa, hubieran desaparecido las crines y la cabeza del caballo".

miércoles 11 de julio de 2007

El coleccionista de láminas de José Luis Rodríguez

Leí este texto en la presentación de El coleccionista de láminas en la FNAC de Zaragoza, el 28 de junio de 2007.

“Comenzaré, perdonadme la imprudencia, dando un rodeo. Acaso no es esto de la literatura sino un rodeo, el ensayo de algo que siempre atiende a ese propósito antiguo como el hombre que es el de la verdad y sus máscaras. No me refiero a lo que es falso o lo que no lo es, sino a nuestra relación con la verdad. Y subrayo relación. Porque eso es la literatura: relación –pliegue lo han llamado otros-, continuo proceso que liga y desliga verdad y memoria. Pero no quiero dar puntadas antes de poner el hilo, ni siquiera dando un rodeo. Vuelvo a donde quería comenzar. A Nietzsche. En concreto a sus Consideraciones intempestivas, y más en concreto al inicio de la segunda, "De la utilidad y la desventaja del historicismo para la vida", donde el intrépido escritor alemán pide que nos fijemos en un rebaño de ovejas que supuestamente pace delante de nosotros. Imaginad el rebaño, paciendo eternamente desde ese paraíso perdido que se dio en llamar edad de oro hasta nuestros días, en cualquier prado, de sol a sol, un día sí y otro también, animales que no saben qué significa el ayer ni el hoy, “atado en corto con su placer y dolor al poste del instante y sin conocer, por esta razón, ni la melancolía ni el hastío”. El hombre, nos dice Nietzsche, a pesar del orgullo de su condición humana, mira envidioso la felicidad animal ajena a cualquier pasión, a la constante relación que impone el mundo, lejos del fracaso y la tristeza. Envidia el hombre al animal pero no quiere tener su vida animal, porque ésta, atada tan en corto a la inmediatez sólo es olvido que impide siquiera ser consciente no sólo del dolor también de la propia felicidad. No hay memoria en esa vida. Por el contrario, señala Nietzsche, “continuamente se desprende una página del libro del tiempo, cae, se va lejos flotando, retorna imprevistamente y se posa en el regazo del hombre”, quien “ha de bregar con la carga cada vez más y más aplastante del pasado, carga que lo abate o lo doblega y obstaculiza su marcha como invisible y oscuro fardo.”
Pues bien, toda la literatura de José Luis Rodríguez, sea en cualquier género, es ejemplo de esa brega –desde De luminosas estancias hasta El ángel vencido, desde En la noche más transparente hasta Fotogramas del diluvio- , y en El coleccionista de láminas con singular acento –y recordad que acento no quiere decir más que espíritu. Este libro es melancólica marca de la memoria, por eso, e insisto en Nietszche pero pienso en muchos de sus cuentos, a José Luis Rodríguez “le conmueve, como si recordase un paraíso perdido, ver un rebaño pastando o, en un círculo más familiar, al niño que no tiene ningún pasado que negar y que, en feliz ceguedad, se concentra en su juego, entre las vallas del pasado y del futuro.” Son varios los cuentos de este libro protagonizados por animales y niños, más bien adolescentes. Aunque sean animales muertos o a punto de morir -recuerdo la dolorosa metáfora del galgo ahorcado de "El comienzo del amor", la mirada de los caballos, los pájaros. Niños que descubren con violencia la verdad y la memoria –y en este caso recuerdo a la niña de "La pelota amarilla" que jugando en la playa se topa con la mirada ahogada de un náufrago-; niños que tarde o temprano descubrirán el horror, niños después de descubrirlo, como en "El hombre del traje blanco": antes los hijos del traficante de armas, después los niños mutilados que el mismo traficante ve por televisión. En el cuento que da título al libro, "El coleccionista de láminas", también protagonizado por dos chavales, José Luis escribe: “Ha estado soñando que escribía historias sobre muchachos adolescentes que coleccionaban ojos de animales, sobre muchachos adolescentes que dejaban libres a pájaros domésticos, sobre muchachos adolescentes que asistían a la muerte de perros ahorcados.” Relatos conmovedores de bichos y chavales que, a pesar de lo que acabo de leer, no son sueño sino escritura, cuentos del libro, relatos que, por supuesto, no inciden en el instante sin más sino que buscan a través del instante, la verdad. La verdad y sus máscaras decíamos al principio del rodeo. La relación con la verdad subrayaba. Una relación que intempestivamente José Luis vincula a la memoria. Y, por lo tanto, la significa melancólica, dolorosa en su mirada al mundo, acaso hastiada de tanto viento arrasador. Porque sopla un viento en estos cuentos que mientras empuja al ángel de la historia sólo deja ruinas tras de sí. Muchos conoceréis la novena "Tesis de Filosofía de la Historia" de Walter Benjamin y sabréis de que estoy hablando. José Luis abre el libro con un poema, en claro homenaje a Benjamin, protagonizado por ese mismo ángel de la historia, el Angelus Novus de Pual Klee. “destino extraño el suyo –escribe José Luis-/ pues la luna soberana de su alma/ tan solo ilumina sombras y lodo.” Los cuentos que continúan y dan forma al libro son el relato de las ruinas que acompañan a la historia, las sombras y el loso. La historia del mundo moderno.
Pero no se trata de un simple homenaje al escritor que murió en Port Bou, es una lectura de su pensamiento, una interpretación. Todo el libro lo es. El título nos pone en la pista del coleccionismo. Y si atendemos a uno de los temas fundamentales del libro, la historia, desvelamos otra importante referencia bibliográfica, uno de los Discursos interrumpidos de Benjamin: "Historia y coleccionismo: Eduard Fusch". Un apasionante ensayo sobre el materialismo histórico en el que Benjamin insiste en el abandono del elemento épico de la historia en pos de una dimensión íntima, una sucesión de referencias que atienden a la filosofía de la vida, a la verdadera experiencia de cada uno con el mundo, a la tensión que palpita en la elaboración de un sentido que se liga y desliga constantemente. Cada uno de los cuentos de El coleccionista de láminas es esa sucesión de referencias, incluso hay un cuento, "El cartapacio del vagabundo", donde ni siquiera es necesaria la palabra para elaborar sentido, sólo imágenes, una tras otra, como también hiciera John Berger en su Modos de ver.
El coleccionista de láminas es un libro extraordinario. Y quisiera que se entendiese tal cual: un libro alejado de lo ordinario, de lo habitual, fuera de lo común, un libro que continúa la dimensión teórica que José Luis plantea en sus textos más académicos y con el que alcanza una eficacia técnica sobresaliente, manejando lo no dicho, las alusiones, combinando cuando es necesario la sobriedad de una prosa directa con la intensa fuerza de sus ya característicos trallazos líricos. No soy quién para decirlo ni tengo demasiada voz para gritarlo, pero debería atenderse más a este escritor, ninguno de sus contemporáneos está por encima.
Para concluir, y prometo que sin más rodeos, me gustaría señalar que este es un libro decididamente intempestivo, y no lo digo sólo por lo de Nietzsche, lo digo porque al final del volumen José Luis ha añadido unos reveladores apéndices subtitulados impertinencias. Impertinencias político-artísticas con las que llama la atención –entiéndase en sus dos acepciones- del y al lector, recordándole aspectos que nunca debieran pasar inadvertidos: la presencia del silencio; que debería ser intolerable que el arte naciera del sufrimiento ajeno o de la indecencia moral; y que hay que construir ciudades luminosas sobre la ruina de las oficinas del poder. Impertinencias, igual que cada uno de los cuentos que componen el libro, un libro escrito en la artaudiana habitación 209, en el Cabaret Voltaire, la mañana del 20 de abril en que perdimos a Celan, un libro que me acompaña con amistad cómplice, libre, despegada de todo lazo que decía Georges Bataille.”

José Luis Rodríguez García, El coleccionista de láminas, Zaragoza, Mira, 2007.
histoire de melody nelson.
serge gainsbourg (1972)

sábado 7 de julio de 2007

Luis Bagué y Álvaro Tato, premios Hiperión

Para que se pierda en la red esta crítica volandera que nunca ha estado en periódico.

“El premio Hiperión de poesía es uno de los premios más consolidados y con mayor prestigio dentro del panorama de la poesía española reciente. Podríamos decir que es un premio canónico, cuyo cartel repasan quienes cuentan –quienquiera que añada comillas- en ese campo cultural llamado poesía española contemporánea. Y con esto del campo aludo a la metáfora sociológica que utilizó Pierre Bourdieu: cualquier institución históricamente construida, dotada de unas reglas de juego más o menos evidentes. En la nómina de ganadores o finalistas del Hiperión, hay nombres, por citar alguno, como Miguel Casado, Benjamín Prado, Álvaro García, Jorge Riechmann, Luis Muñoz o Miriam Reyes, voces que, al margen de gustos estéticos y escuelas varias, ocupan un espacio subrayado por unas determinadas reglas –sociales, políticas, culturales, literarias- dentro del mismo campo. Poetas, todos ellos, integrantes de la nómina canónica, sensibilidades literarias, insisto, al margen. Este año, el premio ha sido concedido ex -aequo a Un jardín olvidado de Luis Bagué Quílez y a Cara mascara de Álvaro Tato, tercer libro en ambos casos de dos poetas avalados por una trayectoria breve pero destacada en menciones. Los dos ganaron –Tato con Libro de Uroboros en 2000 y Bagué con Telón de sombras en 2002 - el “Antonio Carvajal” de poesía joven, también publicado por la editorial Hiperión.Con esto quiero decir que quien se acerque a los libros ganadores del Hiperión podrá seguir las huellas de la historia de la poesía contemporánea española, acaso de la poesía con más presencia institucional –ediciones, reseñas, artículos, conferencias, premios-, observando las premisas de las que parte y el proceso en que está inscrita. Y sin duda apreciará vetas por las que transita, con mejor o peor fortuna, la literatura de hoy. De hecho, tanto Cara máscara como Un jardín olvidado, aunque desde puntos de vista muy diferentes, el primero abiertamente metatextual, decididamente elegiaco el segundo, utilizan con singular talento rasgos definitorios de nuestro tiempo: la fragmentación de la identidad y la vocación por el pastiche, o bien –así evitaremos equívocos- por la construcción de un discurso dentro de otro discurso. Los propios títulos indican la tendencia: Cara máscara se decanta por un juego donde la identidad es reflejo, persona, trasunto, interpretación en suma. Si el poeta siempre ha caminado enmascarado, fingiendo, Tato hace un retruécano y es la máscara quien camina poetizada a través de un libro que no es sino escenario teatral, lugar tanto para la palabra como para el cuerpo.A su vez, Un jardín olvidado insta a situarnos ante un topos literario: el paraíso perdido. Bagué plantea un conflicto que, partiendo de la experiencia individual, es un conflicto cultural: “cuando cada palabra se convierte en la sombra/ de palabras que nunca pronunciamos”. Sin afán trascendente, el poeta se revela como un detective que busca entre sombras un espacio para nombrarse.Dos libros notables que indican líneas en el campo, pistas que seguir.” David Mayor

Un jardín olvidado. Luis Bagué Quílez. Hiperión (2007)
Cara máscara. Álvaro Tato. Hiperión (2007)

Pongan en marcha los motores…

Acaso estas notas deberían estar en otra parte, pero este escritorio no parece mal sitio, otro pliegue.