"Yo creo en el secreto, es decir, en la potencia de lo falso, mucho más que en los relatos que dan testimonio de una deplorable creencia en la exactitud y en la verdad. (...) Las nociones de importancia, necesidad, interés son mil veces más determinantes que la noción de verdad. De ningún modo porque la reemplacen, sino porque miden la verdad de los que digo." Una cita del Gilles Deleuze de las
Conversaciones con la que me he encontrado en el prólogo de Iván de los Ríos a
El bibliómano ignorante de Luciano, uno de los últimos títulos de una de mis editoriales favoritas,
errata naturae. Sólo un apunte de
El bibliómano ignorante -el título ya es una recomendación para cualquier lector, sea o no- que alente la curiosidad: "Dos son las cosas que uno puede obtener de los antiguos: la capacidad oratoria y la capacidad de cumplir con el deber, emulando a los mejores y huyendo de los peores. Pero, cuando ni de lo uno ni de lo otro parece uno beneficiarse mediante los libros, ¿qué es lo que hace sino comprar refugios para los ratones y nidos para las lombrices y golpes para los criados por haberse descuidado?"